El texto: “Malestar docente”. Me hizo recordar mis inicios como profesora hace doce años. Cuando era una alumna de nueve y diez de calificación en licenciatura y una vez que cambiaron los papeles de alumna a docente experimenté una crisis de identidad, depresión, cuestionamientos existenciales como: ¿por qué no es tan fácil conseguir empleo?, por qué ya no era tan excelente?, ¿ en qué estaba fallando como docente? sí le ponía todo el empeño: repasaba contenidos, investigaba, planeaba, dónde estaba la clave para ser un docente de excelencia.
Al inició de mi profesión, avanzaba rápido en los contenidos, terminaba pronto los temas. A veces escuchaba comentarios de mis colegas a la hora de anotar el tema en la hoja de firmas ¿.Ya vas en ese tema?a veces con tono irónico, pues ellos ya tenían experiencia y yo era una novata. En ocasiones hay egoísmo en la profesión porque aquellos que pueden guiarte con su experiencia no lo hacen.
Es bien cierto, nadie nos enseña a ser profesores. Esto lo vamos aprendiendo con los tropiezos y la práctica. De los errores vamos aprendiendo.
Por otro lado, en algunas sesiones he experimentado esa sensación de placer, de gozo, de felicidad, de sentirme útil, de que la clase les interesó. Aunque es como la felicidad sólo son breves instantes.( En pocas clases).
Además nuestra meta como docentes debe ser el dar a los alumnos las herramientas para enfrentarse a un mundo globalizado, materialista, para no dejarlos que se pierdan en esa maraña, que rescaten los valores, que sean más humanos, que entiendan su mundo.
Por último la motivación es fundamental en la educación porque es esa fuerza interior que nos mueve hacer cosas, a vencer obstáculos porque tenemos clara nuestra meta.
